Los portalillos de Frades

Siempre hemos tenido la convicción de que los orígenes de nuestro pueblo se remontan a la época de los Vetones; es tal la cantidad de vestigios que existen en el entorno del Hoyo de los Chiveros, Peña el Coldo y el Prado de Fuente el Caño que nos lleva a pensar sobre la intensa actividad que a lo largo de un buen número de años hubiera en toda esa zona de nuestra sierra; si bien, parece ser que no haya constancia alguna por escrito, ni esté catalogado como tal.

En la obra «Historia de Salamanca» del historiador José Luis Martín podemos encontrar algunas referencias, pero ya en épocas posteriores. A mediados del siglo XIII, allá por 1260, nuestro pueblo figura como perteneciente al Cuarto de Corvacera con el nombre de «Fradres» , posteriormente en 1548, según el Obispado de Salamanca, figura dentro de los lugares que tenían vecinos e iglesia y en los que se había de poner el jubileo del día de Todos los Santos.

Hoy, rememorando un poco la historia no tan lejana, queremos presentaros los portalillos que aún quedan en Frades. A comienzos del siglo pasado la mayoría de las viviendas poseía esta pieza en su entrada. Los más jóvenes quizás no lo recordéis, pero la gente de mi edad y ya no digamos los mayores, sí que conocimos un buen número de ellos.

A nuestro juicio os podemos decir que bien pudiera haber sido una construcción típica de nuestro pueblo. Hemos recorrido los pueblos limítrofes o próximos a él y este es el resultado de los que hay o haya podido haber en otros tiempos: En San Pedro hemos encontrado uno, en Las Veguillas dos, en Membribe uno, en Navagallega que hasta 1910 y durante algún tiempo permaneció unido a Frades hemos encontrado uno, aunque, según nos cuentan en otros tiempos sí que hubo algunos más.

El portalillo, de algún modo, tenía como función el aislar al resto de la casa tanto del frío como del calor. Este tipo de construcción ya se realizaba en la antigüedad. La primera fotografía que ofrecemos está tomada en el asentamiento del Cerro de San Vicente de Salamanca; según criterio de los arqueólogos, hace 2800 años ya se tomaban este tipo de medidas, así en la zona marcada de color verde era el portalillo, la zona de rojo era la cocina con el hogar y la zona de color azul la habitación.

¡Ay!, si los portalillos hablaran.

¡Cuántos bellos atardeceres de primavera contemplados!, de esos que a veces se producen en nuestro pueblo; o bien ventilando los trajes con olor a alcanfor, pues está próxima la fiesta, «la de San Antonio / que es la de mi aldea» como cantara nuestro poeta; o viendo crecer las mieses y pacer al ganado, que la florida primavera augura un buen año.

¡Cuántas noches al serano del verano!, meditabundos, callados, que la rumia de las faenas se lleva mejor en silencio.

¡Cuántas tardes al calorcillo del otoño!. Las comadres del pueblo se reúnen para remendar la pana o con la calceta en las manos. ¡Cuántos dimes y diretes!, ¡Cuántos cotilleos!, ¡Cuántos despellejos!:

-Pues la Asunta, sí mujer, la de la Lucrecia, dicen que anda de amores con un rico forastero que tiene «perras» y tierras.

-¡La muy cretina!, pues no que dice que no le gustan los del pueblo.

-Pues «en ca» de la Juana hablan que lo ha «engatusao» de tal manera que pronto habrá bodorrio. ¡Se ha «quedao preñá» la muy desvergonzada!»

¡Que duro es cortejar a la amada en las frías noches de invierno!: El galán por fuera y por dentro la dama, eso sí, con el portón de por medio, que en el siglo pasado, antes del casorio, el más mínimo roce era pecado; ¡Estaba prohibido por la iglesia!. ¡Pero cuánta hipocresía y cuánta farsa en la que algunos fuimos educados!. ¡Cuántos abrazos rotos por la inoportuna llegada de la entrometida vecina en busca de cotilleos!. ¡Cuántos besos, arrumacos, arrullos, y ronroneos interrumpidos por el vigilante de turno, -el hermano pequeño-!; y el patriarca desde la cocina: ¡Dejad la charla, que mañana es día de faena!. Y él se aparta azorado, tembloroso y calenturiento, y ella coqueta y atrevida, entornando la puerta le dice bajito: ¡Vuelve mañana!!!.

¡Pero que ingrato!, o mejor, tal vez, ¡Que cauto es el silencio! ¡Ay, si los portalillos hablaran!…

Manuel Martín Martín

 

Os proponemos un juego: Los hemos numerado y os invitamos a que recorráis el pueblo para tratar de identificarlos. Alguno se encuentra bastante escondido y otro ya no existe, fue el último en ser derribado, otro, además, se encuentra integrado en la reforma de la vivienda.

¡¡¡Suerte y esperamos que os guste!!!.

 

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